Reacción ante crisis: Nuestra comun humanidad
Por: Psic. Irene Quezada
Chsj.com.mx | Clínica Hospital San José
Estamos viviendo por estos días una de las peores tragedias que se hayan vivido en nuestro querido Huatabampo (sonora) .
¿Alguna vez lo han despertado a las 3 de la madrugada con la consigna urgente de actuar con premura e inteligencia ya que de ello depende la vida?
Y usted despertado así, o debiera decir sacudido así? Sin acabar de despertar del todo; con su equipo personal (ósea todo su ser) dormido y su equipo social (familiares y amigos) su ciudad pues en iguales circunstancias? Si es así, entonces usted sí entenderá claramente lo que buscaré explicar a continuación.
Surge entonces en la persona una de las más terribles emociones: el miedo, experimentado como un escalofrío que recorre las piernas y va subiendo hasta invadir el cuerpo en su totalidad. Hay que actuar, ha de hacerse algo, tomar decisiones y todo esto en las peores circunstancias de fragilidad humana; busca hacerse lo mejor, no siempre se consigue.
Así llego el agua a nuestro Huatabampo, todos dormidos. Exhaustos algunos, pues ¡por fin! Una noche sin lluvia, sin tener que aparar goteras, o contener el agua que se filtraba por donde podía.
Entonces surge un sonido de puertas, de voces, de prisas, por allá un carro con sonido, con el radio a todo volumen, por acá un teléfono suena. Así se empezó a despertar todo mundo que todos tomen precauciones que viene el agua! Que viene fuerte, que ya está, que salgan! Que ya no hay tiempo de hacer mas como ocurrió en las palmas, ahí el agua alcanzo niveles peligrosísimos.
En otros sectores que sí se tuvo más tiempo se tomaron providencias, las cuales consistían en poner a resguardar los papeles de importancia familiar y planear lo que ser haría a continuación. Pero todo esto embargado por el nerviosismo y el miedo, creo que en situaciones de stress máximo o sea el pánico ante la perspectiva de una inminente tragedia, todos quedamos con nuestros defectos de carácter por llamarlos de algún modo al desnudo. Y como resultado quedamos con una reactividad tal que más que servirnos, estorban para la acción adecuada.
Y en cada hogar desbordadas las emociones sin control alguno, no falta quien grite, se paralice, se eche a llorar, se ponga a fumar, se eche un trago o un diazepam. Por más que se luche, no se puede escapar de ese canal que parece el único que le queda para accionar.
Pasado el trance y después de lo que fue la sacudida inicial vienen otras sacudidas más.
En estos momentos nuestra población pasa por todo lo que es un proceso de duelo. Fenómeno exhaustivamente estudiado por la Psiquiatra Elisabeth Kübler Ross.
Este proceso consta de varias etapas, alguna de las cuales son nombradas como negación, rabia, culpa, etc. Muchas personas no podían dar crédito a lo que acababa de ocurrir, sobre todo los que perdieron todo. TODO. Menos la vida.
Pero aquella casita que por años buscaron llenar los requisitos para hacerse de ella y con los mismos esfuerzos fueron llenando de las cosas necesarias para vivir con cierta comodidad, en unas cuantas horas vinieron a desvanecerse lo que por momentos les había proporcionado seguridad en medio de los problemas diarios, No! Viene esa etapa de negación, no podía ser, esto no podía pasarme a mi! No de esta forma! Si tan solo me lo hubiera imaginado! ¡Pero como! Después de 10 años de sequía! Donde lo que más había en el lugar eran lamentos por la falta de agua.
Otra etapa del duelo que sigue a la negación es la rabia, esa emoción de ira, tan ancestral como el hombre mismo. El coraje que me llena después de calibrar o medio asimilar lo que ha ocurrido. Hay enojo! Vienen los hubiera, si nos hubieran avisado, si se hubiera previsto, si no se hubiera construido ahí. Sí lo que sea! Agredes, agredes con rabia al que tienes al lado, reprochas, te indignas con las autoridades, con Dios, con todo, hasta contigo mismo.
En una etapa mas viene la culpa, otro fantasma difícil de controlar, esa sensación terrible de que algo no hiciste bien, crecen los hubiera, aumenta le dolor al sentir que algo se hubiera podido evitar, algo que sea un paliativo ante tanta adversidad.
Ya pasados, los momentos más fuertes nuestros mecanismos de defensa vuelven a funcionar. Las defensas como su nombre lo dice, valga la redundancia, por fin nos defenderán para no escaparnos locamente de la cruel realidad y ayudarnos poco a poco a ir acomodando todo en su lugar en nuestro esquema personal.
El tiempo en los procesos de duelo es el mayor aliado pero es necesario aprovecharlo bien y no solo dejarlo pasar, no debemos negarnos a vivir cada etapa para poderla superar, por ejemplo si estamos en la etapa de tristeza, el llanto es un buen canal, así dando cabida a pensamientos positivos dando los pasos que nos llevan a la etapa final que es la aceptación plena y conciente de toda la perdida vivida, solo así se podrá superar. Y el resultado es que la perdida bien superada nos dejara debidamente un crecimiento personal.
Por ultimo hay un aspecto que me gustaría mencionar. Las personas estamos conformadas por cuatro aspectos importantes de nuestro ser: el biológico, el psicológico, el social y el espiritual. Considero que las personas, los padres de familia, la sociedad misma; los educadores pues estamos descuidando ese cuarto cuadrante del ser humano. El ser espiritual, y es la FE un importante soporte en los momentos que acabo fer mencionar.
Ahí cuando nada humano puede accionar, cuando la sensación de impotencia te invade, porque ante las fuerzas de la naturaleza, eres tan frágil como una basurita al viento y esto lo experimentas literalmente en cada coyuntura de tu cuerpo, como una realidad que tu mente ratifica y todos humanos al fin, con nuestra común humanidad, en inmersos en el temor y la incertidumbre del no saber que sigue… aquí donde una fe firme da la suave seguridad de que hay un poder superior, como cada quien lo conciba, al cual poder acudir y sentir reconfortado tu espíritu, el cual va llenando de calma poquito a poco tu cuerpo.
Es la fe, la que dicen que mueve montañas, la que puede obrar en nuestro favor. En esos momentos en que solo experimentas miedo, ansiedad, angustia; cuenta y mucho que te hayan inculcado con amor esa fe desde chiquito y nos hayamos ocupado de nutrirla, para que crezca a lo largo de nuestra vida. |